sábado, 26 de septiembre de 2009

SERPIENTE DE ACERO



Cuando la serpiente de acero ruge por el asfalto, eres el dueño del mundo si formas parte de sus escamas... Eres el viento que te azota la cara, el calor que sube desde las entrañas de la bestia, el bramido que sale de su interior...

El tiempo se detiene mientras la serpiente devora kilómetros y kilómetros, nada puede pararla. Ni la lluvia, ni el viento helado del invierno, ni la brisa de fuego del verano.... La serpiente despide olor a aceite, a gasolina quemada, y sus emanaciones inundan las calles de los pueblos que cruza con paso lento, atisbando a cada lado y mirando como la gente la contempla con cierto asombro y temor...

Sólo cuando el cabeza de grupo, la cabeza de la serpiente, alza su puño izquierdo la serpiente se detiene. Entonces se escucha el crujir del metal ardiente que se enfría poco a poco, y la serpiente se queda inmóvil, inerme, rutilante, esperando adormecida la orden de marcha...

Cuando la orden llega, la serpiente vuelve a rugir. Sus escamas vuelven a alinearse lentamente, y se va estirando poco a poco hasta alcanzar toda su longitud. Su piel, casi toda negra pero con algunos matices de colores, vuelve a brillar sobre el asfalto. Es incansable, constante, voraz...

Hay que ver pasar por los caminos a la serpiente de acero para imaginar de forma aproximada lo que significa formar parte de ella. Porque ser parte de la serpiente es ser libre....

FEROX


1 comentario:

Anónimo dijo...

No sé como lo haces....Plasmar los sentimientos es tan dificil...


CROW